Fui funcionaria pública, trabajé en el sector público como arquitecta revisora en la Dirección de Obras Municipales de la comuna de Independencia y vi de cerca cómo el sistema puede ser confuso, lento y frustrante para quien no lo conoce por dentro. Eso me cambió la perspectiva. Entendí que el problema no era las personas, sino que era la falta de orientación clara.
Estando desde este otro lado del mesón, fue donde entendí algo que cambiaría completamente mi camino profesional.
Revisé cientos de expedientes municipales: Ampliaciones, regularizaciones, locales comerciales, viviendas, ayuda en patentes, proyectos mal armados, proyectos bien pensados y proyectados.
Y entendí algo que me marcó profundamente: La mayoría de los vecinos lo único que querían era no hacer las cosas mal, pero, simplemente no sabían cómo hacerlas bien.
Veía cientos de vecinos angustiados.
Emprendedores tratando de formalizar su negocio y poder surgir. Familias que habían ampliado su casa con esfuerzo y ahora necesitaban regularizar, personas que querían vender sus casas para irse a vivir a otras regiones y por sobre todo profesionales inseguros frente a la normativa (Por varias razones).
No faltaba intención. Faltaba una guía y entendí algo aún más importante: El problema radicaba en la falta de estructura y entender la normativa con peras y manzanas